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Artículo 409

La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por Ley.

Presentación

El Artículo 409 se encuentra en el apartado sobre desarrollo rural integral sustentable. Hace referencia a la regulación, mediante ley, de la producción, importación y comercialización de transgénicos. Este artículo debe leerse, necesariamente, en concordancia con los artículos 16 que establece el derecho fundamental a la alimentación adecuada de la población, 255 que establece la prohibición de importar, producir y comercializar organismos genéticamente modificados.

Descripción

El Artículo 409 se encuentra en el Título III (Desarrollo Rural Integral Sustentable) de la Cuarta Parte de la Constitución Política del Estado (Estructura y Organización Económica del Estado).

 

El artículo está compuesto por un párrafo que establece una reserva legal que deberá regular la producción, importación y comercialización de transgénicos.

 

De acuerdo a lo establecido por el Artículo 411 se puede afirmar que el Artículo 409 es semirrígido, puede ser reformado de dos maneras: a través de una reforma total o a través de una reforma parcial de la Constitución. En el caso de una reforma total de la Constitución a través de una Asamblea Constituyente originaria plenipotenciaria, activada por voluntad popular mediante referendo. En el caso de una reforma parcial mediante ley de reforma constitucional aprobada por dos tercios o por iniciativa popular. La vigencia de toda reforma necesitará referendo constitucional aprobatorio.

 

A partir de la revisión de los archivos de la Asamblea Constituyente, se puede observar que el Artículo 409 se consolida en los ajustes establecidos por el H. Congreso Nacional el año 2008, por lo que presenta variaciones respecto al Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande, en Detalle y en Revisión en Oruro, y al Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande en Chuquisaca. De hecho, en ambos proyectos de texto, es decir en el de Oruro y el de Chuquisaca, aunque la redacción era distinta, se establecía expresamente la prohibición de la producción, importación, comercialización y uso de los transgénicos, u organismos genéticamente modificados.

 

El Artículo 409 es una novedad en el constitucionalismo boliviano al ser la primera vez que se introduce en un texto constitucional el tema de los transgénicos. Aunque la producción, utilización y comercialización de transgénicos tiene lugar en Bolivia desde  mucho antes, su tratamiento en el texto constitucional es una novedad, que tiene que ver con el objetivo de construir una economía productiva plural y sustentable.

Transgénicos u organismos genéticamente modificados -Temática-

La modernidad, el modo de producción capitalista, se funda en la consolidación de un pensamiento racional caracterizado por el establecimiento de una frontera, de la escisión entre el ámbito natural y el ámbito social. Como señala Bruno Latour, “cuando las palabras ‘moderno’, modernización’, ‘modernidad’ aparecen, definimos por contraste un pasado arcaico y estable” (Latour, 2007: 27). Y, ciertamente, la condición de la modernidad es el dinamismo y la inestabilidad de la ambición racional humana de lograr, lo que los propios pensadores de la modernidad denominan el avance, el progreso, el desarrollo, el movimiento del espíritu. Este movimiento, este dinamismo es la cualidad de la humanidad moderna, inconforme permanentemente con lo que tiene y produce.

 

Esta racionalidad impregna, desde las relaciones sociales, el pensamiento social, hasta la manera en cómo se configuran las relaciones de producción, es decir la base económica moderna, y la manera en cómo se configuran las relaciones de poder, o la política. Es en base a este razonamiento que se cimentan todas las determinaciones, económicas, políticas, sociales, culturales e ideológicas que configuran al modo de producción capitalista. La constitución de la modernidad, precisa ciertas garantías, ciertas narraciones que le permitan al hombre moderno comprender y proyectar su modus vivendi. En este sentido, la frontera entre naturaleza y cultura deviene en una necesidad. De esta manera es que en el razonamiento moderno se le atribuye una trascendencia a la naturaleza (nada puede hacer la humanidad frente a sus reglas), y una inmanencia a la sociedad (la humanidad determina su destino y por ende construye sociedad). Esta separación, o lo que Latour denomina purificación de los ámbitos descritos, es la garantía de la modernidad y de su praxis.

 

Van a poder intervenir [los modernos] la naturaleza desde todo punto de vista en la fábrica de sus sociedades, sin por ello dejar de atribuirle su trascendencia radical; van a poder convertirse en los únicos actores de su propio destino político, sin por ello dejar de sostener su sociedad por la movilización de la naturaleza. Por un lado, la trascendencia de la naturaleza no impedirá su inmanencia social; por el otro, la inmanencia de los social no impedirá que el Leviatán siga siendo trascendente (Latour, 2007: 59).

 

En base a este razonamiento, o lo que algunos autores han denominado la crítica moderna (Latour, 2007), la escisión irremediable entre naturaleza y sociedad es entendida como un avance de la razón moderna abstracta. El establecimiento de esta frontera forma parte de la crítica moderna a lo arcaico, a lo que la misma preteriza, deviene en pasado superado o por superar. El surgimiento de este pensamiento, de esta discursividad, acompaña el devenir de las relaciones de producción capitalistas, y la incidencia de este movimiento histórico de larga data en las relaciones sociales, políticas, y por ende en la configuración del pensamiento o metalenguaje moderno. Por lo tanto, se afirma en primera instancia, que el desarrollo de este pensamiento moderno no es una consecuencia ineludible del movimiento histórico de la humanidad, sino que es una más entre muchas otras narrativas respecto al rol de la humanidad en el medio natural.

 

En este sentido, la crítica a la crítica moderna se desarrolla desde distintos ámbitos, el conjunto de trabajos que hilvanan la crítica de la modernidad permiten una lectura integral de los problemas que acarrean tanto el pensamiento como la praxis de la modernidad, en los distintos ámbitos de la vida humana. Desde la crítica de la economía política capitalista, hasta la crítica de la política moderna, y las distintas críticas de las relaciones sociales modernas y del pensamiento moderno, permiten dar cuenta del problema estructural de la modernidad capitalista. En este marco, para poder realizar una crítica de la producción rural en términos del capitalismo, es necesario considerar la crítica integral o estructural de la modernidad.

 

Por ello la importancia de una crítica estructural. Para poder comprender esta separación, o la construcción de la asimetría entre lo natural y lo social, debe observarse los ámbitos de la cotidianidad moderna en que esta asimetría se objetiva.

 

Sin lugar a dudas, entre las críticas más elaboradas de la modernidad, debe considerarse la crítica de la economía política capitalista. Quizás una de las determinaciones más, valga la redundancia, determinantes del modo de producción capitalista, es su base económica, la manera en cómo se configura la racionalidad productiva y las relaciones de producción. Ya desde los primeros trabajos serios de crítica a la economía política capitalista, se puede observar como condición de posibilidad de la aparición de la forma mercancía, que conlleva al resto de las determinaciones de las relaciones de producción capitalistas, la separación o asimetría entre naturaleza y cultura.

 

En este sentido, Marx apunta, en su aproximación a la crítica de la forma mercancía, que la misma es la consecuencia de la aparición de una racionalidad productiva y de intercambio particular. Esta racionalidad tiene que ver también con una escisión o asimetría entre las cualidades de un producto de trabajo, es decir en la aparición de la asimetría entre valor de uso y valor de cambio. Esta asimetría tiene que ver con cómo, en las formaciones económicas capitalistas, el sentido de la riqueza deja de ser el valor de uso de un producto del trabajo, y pasa a serlo su valor de cambio.

 

En este marco, Marx señala, por un lado, que “la naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!)” (Marx citado por Dussel, 2011: 228). En primera instancia, los valores de uso, que son el producto de la fuerza de trabajo de la humanidad, no son mercancías, es decir su valor de cambio no es determinante. Esta asimetría tiene lugar desde el momento en que la producción de valores de uso tiene como principal motivación el intercambio de mercancías. A todo esto la mercancía  es la transformación del producto de trabajo en cosa intercambiable, la extrapolación y sobre-determinación de la mercancía en toda relación socioeconómico es la condición del capitalismo.

 

Para que la forma mercancía aparezca, y devenga en la principal mediación de toda relación social, es decir para que se emplace la racionalidad productiva capitalista, es necesaria la escisión, el quiebre del vínculo entre naturaleza y sociedad. Es en este quiebre, que conduce a la cosificación del mundo natural por una humanidad cada vez más “racional”, que surge el argumento de lo moderno frente a lo arcaico, de la superación de lo ritual por lo racional. “El reflejo religioso del mundo real únicamente podrá desvanecerse cuando las circunstancias de la vida práctica, cotidiana, representen para los hombres, día a día, relaciones diáfanamente racionales, entre ellos y con la naturaleza” (Marx, 2010: 97). Esta narrativa de lo social frente a lo natural, de lo moderno frente a lo arcaico, es la condición de posibilidad de la actual racionalidad voraz de la producción capitalista, objetivada en la primacía de la forma mercancía.

 

La racionalidad productiva de la modernidad es una determinación y parte fundamental de la unidad compleja de determinaciones que hacen al modo de producción capitalista. El discurso moderno, que enfrenta lo natural con lo social, que pondera  a la forma mercancía en las relaciones sociales, también determina la manera en cómo se configura la sociedad moderna, la política moderna, y la ideología dominante moderna (individualismo antropocéntrico). La relevancia de estos apuntes críticos, en la disposición constitucional que se analiza, tiene que ver con que la misma se refiere a uno de los efectos actuales de la racionalidad moderna que se describió. La cosificación de la naturaleza, con la cual la humanidad deja de tener cualquier tipo de vínculo determinante, así como la fetichización de la forma mercancía, conlleva a una racionalidad productiva que no considera ningún límite en su búsqueda del mayor beneficio económico individual.

 

En este marco, el modo de producción capitalista es, hasta el presente, una unidad determinada por la producción de mercancía, por el intercambio de mercancía y la acumulación de beneficio económico, de manera ilimitada. La lógica del capitalismo, así como su fundamento es mantener una producción, u oferta de mercancías, sostenida y creciente, y su correlato, es decir una demanda sostenida de mercancías, permanentemente insatisfecha. La insatisfacción es la condición de las relaciones de producción capitalistas. Esta insatisfacción es conseguida de distintas maneras, desde distintos ámbitos, todos íntimamente relacionados con el mismo fin. Desde la educación, la comunicación, hasta la devastación, la guerra, la destrucción, todos son ámbitos de una u otra manera, y en mayor o menor medida, utilizados por el modo de producción capitalista para reproducir su patrón de producción y de consumo.

 

El final de la segunda guerra mundial, así como los procesos de descolonización, y las crisis económicas que caracterizaron la segunda mitad del siglo XX, significaron, además de los aspectos negativos, momentos de impulso para la productividad capitalista y la realización de su moral económica antropocéntrica. De hecho, es en los momentos de mayor crisis y destrucción que se movilizan de manera más efectiva las fuerzas inventivas del capitalismo. De esta manera, en el contexto de la posguerra, y ante las recurrentes crisis alimentarias en distintos lugares del mundo, surge una nueva lógica productiva, en el ámbito de la producción rural, acompañada por una serie de innovaciones técnicas y tecnológicas. Este proceso fue la denominada revolución verde, cuyo principal protagonista fue Norman Borlaug.

 

El denominativo de la revolución verde fue elaborado por los propios organismos internacionales que lo auspiciaron. El razonamiento que, en los términos de sus patrocinadores, revolucionó la producción agropecuaria, era el siguiente: “ante las limitadas posibilidades de expandir las escasas superficies cultivables, la única forma de satisfacer la demanda mundial de alimentos era incrementar los rendimientos en el mismos espacio disponible” (Kopp, 2011: 42). Una de las manifestaciones más importantes de este razonamiento fue la aparición de las high yield varieties o semillas de alto rendimiento, obtenidas a partir de la experimentación con distintas semillas, para mejorar su rendimiento. Este fue el inicio de la denominada biotecnología. Este razonamiento, un vez más, responde  a la cosificación de la naturaleza, y aunque la intención pareciera buena en primera instancia, no tardó en demostrar su faz utilitarista.

 

En efecto la revolución verde es una de las consecuencias del saber moderno, de la apología moderna su conocimiento científico y técnico, que le habría permitido a la humanidad un mayor grado de bienestar material que en cualquier modo de producción. Nuevamente, en este cientificismo se halla la cosificación de la naturaleza, así como la abstracción intencional de todas las relaciones económicas.

 

Como señala Nelson Tapia, “De acuerdo al concepto que engloba el término ciencia, las ciencias modernas están vinculadas a la ideología burguesa y a su voluntad de dominar el mundo y controlar el entorno. En esto han sido perfectamente eficaces. […] En la ciencia moderna occidental, la razón se yergue como valor” (Tapia, 2006: 73). El problema con esta manera de comprender y hacer el conocimiento es que invisibiliza la relación de interdependencia existente entre naturaleza y sociedad,  que por más que sea negada, es permanente. Por lo tanto, los avances del conocimiento moderno no miden sus consecuencias sobre el entorno, dado que se construyen cosificando al mismo. Por ende, los mediadores entre ambos ámbitos, es decir la incidencia de lo natural sobre lo social, y viceversa, devienen en contingencias muchas veces incontrolables y vulgarizadas.

 

De esta suerte, la consecuencia de la revolución verde, patrocinada principalmente por las grandes corporaciones de la industria alimenticia, fue el aumento de uso de sustancias químicas (fertilizantes, pesticidas, herbicidas, entre otros), para incrementar la productividad de las semillas, de los suelos y de los animales. Por otra parte, si bien en los países industrializados la revolución verde fue bien recibida, en los países del sur, como los del continente sudamericano, el ingreso de las nuevas técnicas e insumos de producción generaron “enclaves de agricultura ‘moderna’ cuya producción estuvo destinada a la exportación de productos subsidiarios a la agroganadería de los países industrializados” (Kopp, 2011: 46). Nuevamente este proceso de ‘modernización’ de la producción agropecuaria sirvió para reproducir las desigualdades del sistema mundo capitalista.

 

Una de las consecuencias principales de esta revolución verde, y de toda su racionalidad productiva, fue el desarrollo de la biotecnología, que con el paso del tiempo se fue complejizando. La biotecnología comprende todos los conocimientos, técnicas e insumos desarrollados para la obtención de una mayor producción agrícola y pecuaria, a través de una manipulación mucho más avanzada de los recursos naturales renovables. Tal como lo señala Adalberto Kopp, debe notarse que “el prefijo ‘bio’ despierta asociaciones emocionales con la ‘vida’ o con lo ‘ecológica’, que es una de las causas de la confusión que reina en la opinión pública” (Kopp, 2011: 53). El desarrollo de esta ciencia despegó con la elaboración de las high yield varieties o semillas de alto rendimiento, y prosiguió hasta el presente con el desarrollo de la ingeniería genética. De esta manera es que aparecen los polémicos organismos genéticamente modificados, que no son lo mismo que las semillas de alto rendimiento, por ejemplo, sino que comprenden un proceso mucho más complejo de elaboración.

 

La aplicación de la biotecnología a la investigación agraria ocasionó un salto cualitativo  porque los ensayos con las variedades híbridas de alto rendimiento (HYV) dieron paso a los organismos genéticamente modificados (OGM) llamadas ‘semillas trasngenicas’. Mientras las primeras se basan en el cruce dentro de las mismas especies, en los segundos se trasplanta material genético de una especie a otra, de esa forma se modifica su ADN (Kopp, 2011: 52).

 

Es decir, no puede atribuírsele el desarrollo de tecnología, de conocimiento, de técnicas para aumentar la producción, o lograr un determinado producto, únicamente a la civilización occidental. Todas las culturas que desarrollaron formas de  producción agropecuaria, desarrollaron a su vez técnicas de domesticación de las especies animales y vegetales. No obstante, sólo puede hablarse de transgénicos u organismos genéticamente modificados, cuando tuvo lugar la manipulación genética de las especies, a través de técnicas implementadas por la ingeniería genética, en el marco de la biotecnología[1]. El desarrollo de esta ciencia, y de la manipulación genética de las especies animales y vegetales, es un mérito del sistema capitalista, mérito que sin embargo ha demostrado no tener nada de loable o beneficioso.

 

Ciertamente, desde que comenzó todo el proceso denominado revolución verde, los principales actores interesados en las innovaciones tecnológicas relacionadas con la producción agropecuaria, fueron las grandes corporaciones de la industria alimenticia. Entre los principales patrocinadores de los institutos de investigación en biotecnología e ingeniería genética pueden mencionarse a las fundaciones Rockefeller, Kellogg, Ford, con capitales de sus respectivas empresas. En los últimos cuarenta años, la corporación más importante y más polémica en el tema de transgénicos es Monsanto. Esta empresa, antes de incursionar como una de las principales empresas en alimentos transgénicos, inició especializada en la investigación química, la misma produjo algunas de las sustancias más criticadas por su uso como armas químicas en guerras[2].

 

Pese a la campaña mediática llevada a cabo por los patrocinadores de la biotecnología, los alimentos transgénicos son cada vez más criticados y  censurados por los daños severos que producen en la salud de los consumidores, así como en el medio ambiente. “El 2003, el Panel Científico Independiente (ISP, por sus siglas en inglés), un grupo de 24 expertos de varios países, publicó un informe sobre alimentos genéticamente modificados (AGM) donde advierten que estos productos no son seguros y que sus peligros son inherentes al proceso mismo de la ingeniería genética” (Villegas, 2012: 201). Sin embargo la disputa por el beneficio económico ha llevado a que por presión de las corporaciones productoras de transgénicos, en los países industrializados, no se lleven a cabo investigaciones oficiales o que los resultados sean inducidos a favor de las empresas.

 

De tal suerte, los informes de investigaciones sobre los efectos de los alimentos transgénicos han sido ampliamente manipulados, y en los casos en que los resultados fueron adversos a los intereses de las empresas, los mismos fueron censurados. Los principales estudios críticos sobre alimentos transgénicos surgieron de investigadores independientes, o de testimonios de investigadores que fueron censurados por sus propios institutos.

 

Los estudios pagados por la empresas (sic) usan animales viejos en vez de jóvenes porque estos son más sensibles, el número de ratones es demasiado pequeño para tener significancia estadística, los componentes de los AGM que son administrados a los animales son excesivamente diluidos, los investigadores reducen el tiempo de exposición e ignoran las muertes de los animales y sus enfermedades durante los estudios (Villegas, 2012: 202).

 

Entre los principales efectos perversos de los alimentos transgénicos observados por el Journal of Toxicology and Environmental Health, el año 2007, pueden mencionarse los siguientes (Villegas, 2012):

 

  • Creación de nuevos tóxicos
  • Cambios en los contenidos nutrientes de los alimentos
  • Creación de nuevos alérgenos, o sustancias que causan alergias

 

Estos efectos se observaron en base a investigaciones sobre soya transgénica. La soya transgénica consiste en semillas de esta oleaginosa, modificadas genéticamente para incrementar su productividad, para hacerla más resistente al uso de pesticidas, plaguicidas y herbicidas, y para hacerla adaptable a cualquier superficie cultivable. Los principales efectos de la soya transgénica son las alergias, algunas de éstas desconocidas; la reducción de los nutrientes del producto. El consumo de soya transgénica, como uno de los ejemplos de los múltiples alimentos genéticamente modificados, puede generar desde intoxicación, hasta alteraciones genéticas y hormonales en los consumidores.

 

La producción y consumo cada vez más extendidos de productos transgénicos, en las sociedades de los países industrializados, así como en los países en desarrollo, tiene también como principal consecuencia, aunque se intente negar la relación, el incremento cada vez más acelerado de la población enferma de cáncer. El cáncer es una enfermedad cada vez más común en el mundo, y debe hacerse hincapié en que una de sus causas fundamentales son los alimentos genéticamente modificados.

 

[1] En este marco, se entiende a los organismos genéticamente modificados, también conocidos como transgénicos, son aquellos organismos obtenidos a través de ingeniería genética a partir de la cual se sustrae el genoma de una especie para combinarla con el ADN de otra especie, obteniendo como resultado una tercera especie con un contenido genético propio.

[2] Entre las sustancias más polémicas producidas por esta empresa puede mencionarse al agente naranja. Se trata de un producto químico defoliante, es un herbicida altamente destructivo, que fue ampliamente utilizada durante la Guerra de Vietnam. El uso de este químico defoliante tenía por objetivo generar la mayor destrucción de los bosques y áreas cultivadas de los vietnamitas. Hasta el presente los efectos de este químico son manifiestos en la población contaminada.


Concordancias

Artículo 16, parágrafo II. Derecho a la alimentación sana adecuada y suficiente. / Artículo 18. Derecho a la salud. / Artículo 30, parágrafo II. Derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. / Artículo 33. Derecho de las personas y los seres vivos a un medio ambiente sano y saludable.


Reserva de ley y regulación de la producción, importación y comercialización de transgénicos -Categoría-

En Bolivia la situación de los transgénicos aun no alcanza los niveles preocupantes, en lo que respecta la producción y el consumo de los mismos, que en otros países del globo y de la región. Sin embargo, existe una presión cada vez mayor por parte de grande productores, interesados sobre todo en obtener la mayor cantidad de beneficios económicos, a costa de la propia población y del medio ambiente. Es por ello que en la presente disposición constitucional se pone en juego la disputa entre un modelo de desarrollo descentrado, sustentable y con miras al vivir bien; frente al desarrollo clásico capitalista, cimentado en la forma mercancía y en su fetichización.

 

Situación de los transgénicos en Bolivia

 

Pese a los efectos negativos que pueden provocar los transgénicos en la salud de las personas y el medio ambiente, el uso de estos productos se extendió por todo el mundo, en mayor o menor medida, dependiendo del control y la legislación en cada país. En la mayoría de los países, sin embargo, el uso, la producción y la comercialización de transgénicos tienen como principal consecuencia la afectación de las economías campesinas, y la mayor artificialización de la producción agrícola, además de los mencionados efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

 

En Bolivia, la situación de los transgénicos debe observarse tanto en la producción de alimentos, como en el consumo. Existe una gran cantidad de alimentos transgénicos que ingresan en el mercado de consumo boliviano sin mayores controles. Se trata sobre todo de los alimentos importados, producidos por las grandes corporaciones (Kellogg’s, Post, Nestlé, Maggi, Knorr, entre muchas otras marcas de alimentos más). En este caso, no existe ningún control acerca de la comercialización de los productos transgénicos que ofertan estas empresas, y que tienen un mercado cada vez más extendido en Bolivia.

 

En lo que respecta a la producción, el uso de transgénicos en Bolivia es llevado a cabo en distintos sectores del ámbito rural, sobre todo en la región del oriente, aunque también en los valles. El uso de transgénicos fue promovido por distintas fundaciones desde los años noventa, y hasta el presente muchas de éstas siguen llevando a cabo la promoción de transgénicos. “En 1998 hubo la primera introducción de soya genéticamente modificada (GM) en Bolivia realizado por  la transnacional Monsanto para pruebas de campo. Posteriormente la Fundación de Desarrollo Agrícola de Santa Cruz (Fundacruz), y la Asociación Nacional de Productores de Oleoginosas y Trigo (Anapo) realizaron pruebas de campo y establecieron parcelas semi-comerciales, respectivamente” (http://www.somossur.net).

 

Más adelante, el año 2000, la fundación Proinpa, junto con la Universidad de Leeds (Reino Unido), con el argumento de mejorar y avanzar hacia la soberanía alimentaria en Bolivia, iniciaron una campaña para el cultivo de papa transgénica (www.ecoportal.net). El proceso de evaluación del uso de semillas transgénicas dio lugar a un rechazo de la población. En el caso de la voluntad de introducir papa transgénica conllevó, entre otras causas, a la movilización campesina liderada por la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el año 2000, encabezada por el líder sindical Felipe Quispe. Esta movilización logro paralizar los procesos de evaluación y postergar el uso de transgénicos en la región andina.

 

En el caso del Oriente, empero, el uso de transgénicos se extiende y es cada vez más promovida en la actualidad. Las principales patrocinadoras del uso de transgénicos son la Fundación de Desarrollo Agrícola Santa Cruz (FUNDACRUZ), y la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO). Ambas fundaciones son patrocinadas, a su vez, por los principales productores de oleaginosas y agroindustriales del departamento de Santa Cruz. Ambas fundaciones han trabajado, y trabajan al presente, con productores foráneos de semillas transgénicas de soya y trigo, entre otros productos más (Monsanto, Lealsem). Estas fundaciones son fervientes defensoras de la implementación de biotecnología en Bolivia, así como del salto agroindustrial hacia la producción de biocombustibles, por ejemplo[1].

 

A partir del año 2005 se dio luz verde en Bolivia a la producción de soya transgénica, a través del Decreto Supremo 28225 de 1 de Julio de 2005, utilizándose el mismo argumento esgrimido por Monsanto, y otras corporaciones, para lograr la extensión de la producción y comercialización de transgénicos en el mundo: la equivalencia substancial entre productos naturales y productos genéticamente modificados. A partir de este decreto, hasta el presente, la producción de soya transgénica representa el 90% de la soya producida en Bolivia. También son cada vez más importantes los cultivos de trigo transgénico.

 

En la actualidad el sector productor de oleaginosas, gracias al uso de semillas transgénicas de alto rendimiento, es uno de los que mayores utilidades generan. Sin embargo, este crecimiento exponencial lo ha conseguido a partir de un impacto ambiental considerable, siendo éste uno de los sectores que mayor deforestación genera en la región oriental. “la expansión del cultivo de soya durante los últimos 15 años ha sido del 411% a costa de la deforestación de más de un millón de hectáreas de bosque, deforestándose anualmente, casi 60 mil hectáreas” (Villegas, 2012: 210). El grueso de esta producción está destinado a la exportación por lo que no se conocen con claridad los efectos que estos productos generan en la salud de los consumidores. Sin embargo, basta con remitirse a los informes de salud elaborados en distintos países, para conocer los efectos negativos a que conlleva el consumo de la soya transgénica.

 

De la prohibición a la regulación

 

Durante el proceso Constituyente, las organizaciones indígenas y campesinas que conformaron el Pacto de Unidad, manifestaron su rechazo al uso y producción de alimentos transgénicos, en su propuesta de texto constitucional. En efecto en este documento, se establecía que el Estado Unitario Plurinacional Comunitario prohíbe la producción y el ingreso de semillas, productos transgénicos y otros productos genéticamente modificados manipulados artificialmente. Esta disposición proviene, en parte de las movilizaciones campesinas del año 2000, que se oponían a la experimentación y evaluación de semillas transgénicas.

 

La voluntad de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, así como de las comunidades campesinas y afrobolivianas, de oponerse a la importación, producción y comercialización de transgénicos fue retomada durante el proceso constituyente. En efecto, por un lado, entre los principios que rigen la celebración de tratados internacionales, se establece la prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medio ambiente (Artículo 255).

 

Por otra parte, la redacción del presente artículo era completamente distinta, tanto en el proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande, en Chuquisaca, así como en el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande, en Detalle y en Revisión en Oruro. En ambos proyectos de texto constitucional se establecía, expresamente, la prohibición  de la producción, uso, experimentación, importación y comercialización de organismos genéticamente modificados; y posteriormente, la prohibición de la producción, importación y comercialización de transgénicos.

 

El cumplimiento de esta disposición hubiera supuesto un proceso largo y complejo de intervención y regulación, tanto del ámbito productivo, como del Mercado de bienes de consumo. Sin embargo se trataba de una disposición concordante con toda la narrativa referida al objetivo de lograr un desarrollo rural que sea integral y sustentable. Empero, la redacción del artículo fue modificada durante las negociaciones llevadas a cabo por el H. Congreso Nacional, el año 2008. En aquella ocasión se estableció una comisión en la Cámara de Senadores, dirigida por el entonces constituyente Carlos Romero, y en la que participaron varios senadores, entre los que se hallaban senadores cruceños vinculados política y personalmente con los productores de oleaginosas, o indirectamente con las fundaciones mencionadas.

 

De los trabajos realizados por las comisiones en el H. Congreso Nacional, se consolidó el artículo final, modificándose la prohibición por una reserva legal para la regulación de la producción, importación y comercialización de transgénicos. No obstante, al momento de interpretarse el texto constitucional, deberá necesariamente hacerse hincapié en, por un lado, todo el bagaje histórico negativo así como los efectos que los transgénicos generan en la salud de las personas y en el medio ambiente. Y, por otra parte, deberá considerarse la voluntad constituyente (Artículo 196, parágrafo II), de prohibir la importación, la producción y la comercialización de transgénicos, plasmada también en el Artículo 255 de la Constitución vigente.

 

Alternativas

 

Si bien en la actualidad la extrapolación de la racionalidad económica capitalista a nivel mundial no logró establecer una economía global homogénea, existen elementos de la misma que son observables y determinantes de manera general, en todo el complejo sistema mundo capitalista. Sin embargo, sería un error afirmar que, pese al carácter cuasi universal de las relaciones de producción y de intercambio capitalistas (fetichización de la mercancía y del beneficio económico), la racionalidad productiva capitalista tiene un carácter universal. En todo el mundo, y sobre todo en los países del sur, existen organizaciones y actores productivos que resisten y rechazan la subsunción real a las relaciones de producción capitalistas y al modo de producción capitalista en su conjunto.

 

En este marco, las economías campesinas y comunitarias, llevadas a cabo por las comunidades campesinas y las naciones y pueblos indígena originario campesinos, son las que mayor resistencia plantean, frente al avance de la producción de alimentos en clave capitalista. Por lo tanto, es a partir de las propuestas de estos sujetos que deben plantearse las alternativas para lograr una producción agropecuaria sustentable, que evite en la medida de lo posible la producción, el uso y la comercialización de transgénicos.

 

La Constitución establece, al respecto, como uno de los objetivos de las políticas de desarrollo rural integral sustentable, la promoción de la producción y comercialización de productos agroecológicos. Este objetivo tiene que ver con una propuesta de re-pensar enteramente la producción agropecuaria, y el fortalecimiento de los actores productivos pequeños, pero cuya producción es sustentable. En efecto, la regulación del uso, producción y comercialización de transgénicos resulta disonante con el resto de las disposiciones constitucionales referidas al desarrollo rural, no obstante el propio texto constitucional plantea una serie de políticas y medidas que deben servir para lograr una producción agropecuaria saludable e inocua, que sea a la vez sostenida permitiendo así librar progresivamente al mercado de los transgénicos.

 

En este sentido, debe nuevamente hacerse hincapié en el enfoque agroecológico, que impregna prácticamente todo el articulado de la Constitución referido al desarrollo rural integral sustentable. Debe partirse del hecho que la seguridad alimentaria, que en el texto constitucional ingresa tanto como objetivo principal de la política económica, como derecho doblemente fundamental (Centro de Estudios Constitucionales, 2012). Por lo tanto la regulación de la producción, comercialización e importación de transgénicos debe observar en todo momento el derecho de la población a una alimentación sana, adecuada y suficiente.

 

Por otra parte, no debe perderse de vista que la seguridad alimentaria es complementaria con la soberanía alimentaria. Esto quiere decir que no basta con asegurar la mayor cantidad de alimentos a la población, como plantea el enfoque productivo capitalista y las propuestas que justifican la revolución verde. Al contrario, es necesario que además los alimentos sean de calidad, que no dañen la salud de los consumidores. De esta suerte queda claro que los alimentos transgénicos no encajan ni en la soberanía alimentaria, ni en la seguridad alimentaria, ni mucho menos en el objetivo de lograr un desarrollo rural integral sustentable. De hecho, es necesario insistir en el hecho que “los transgénicos no son solo un problema medioambiental y de salud. Son un negocio manejado mundialmente por unas pocas transnacionales, que son parte esencial de lo que el Gobierno denunció como casusa de nuestras amarguras –el capitalismo–” (Villegas, 2012: 308).

 

En contraposición, y como alternativa, se tiene al fortalecimiento y fomento de la producción y comercialización de productos agroecológicos. El enfoque agroecológico se plantea como paradigma productivo alternativo. En este enfoque subyace, en primera instancia, la crítica a la producción agropecuaria desde un óptica liberal capitalista, en que se pondera la producción de mercancía sobre el hecho mismo de la producción de alimentos. En contraposición a la racionalidad moderna que cosifica la naturaleza y fetichiza la forma mercancía, la agroecología plantea “el manejo adecuado de ecosistemas y agroecosistemas bajo una inter-relación armónica entre el hombre y la naturaleza que respete el medio ambiente y los valores culturales de la sociedad” (Tapia, 2006: 67).

 

Este enfoque tiene como principal sustento las economías campesinas y comunitarias, que las que llevan a cabo producciones sustentables y respetuosas del entorno. De hecho el razonamiento para una producción agroecológica yace en una relación no-escindida entre naturaleza y sociedad, a diferencia de lo que sucede en la modernidad (Latour, 2007). Es por ello que este enfoque se sustenta en las economías productivas campesinas de las comunidades campesinas y los pueblos indígenas. El enfoque agroecológico propone una producción agropecuaria que no dañe los sistemas ecológicos, y en el cual las unidades campesinas no devengan en unidades especializadas, ni mucho menos subsumidas a una lógica de mercado que las conmine a vender sus productos en calidad de mercancías (Tapia, 2006).

 

Para ello este enfoque se ampara en los denominados conocimientos tradicionales o populares, oponiéndose al conocimiento científico moderno de occidente, en que lo natural es ajeno y es cosificado. El conocimiento de los pueblos se basa en su praxis, más que en la investigación abstracta, por ello permite pensar de mejor manera una producción agropecuaria que, además de ser sostenida, sea integral y sustentable.

 

Se acepta la premisa de que la ciencia del pueblo común –es decir, el conocimiento práctico, vital, empírico, que le ha permitido sobrevivir, interpretar, crear, producir y trabajar por siglos con medios directos naturales– tiene su propia racionalidad e historia, conviene empezar por tratar de comprender aquella racionalidad y esta estructura en lo que tienen el propio o específico (Tapia, 2006: 75).

 

Esta enfoque debe acompañar en todo momento, además de la búsqueda constante de la seguridad y la soberanía alimentarias, la regulación y en la medida de lo posible el rechazo total al uso, producción y comercialización de productos transgénicos.

 

[1] De hecho, si uno ingresa a los portales de estas fundaciones en la web, puede observar la promoción que las mismas realizan de distintas variedades soya y trigo transgénico. Entre las semillas que promocionan, pueden mencionarse las siguientes: Tornado RG, Milagrosa RG, FCZ 3002 RG,  FCZ 3003 RG, FCZ 3003 RG, en el caso de FUNDACRUZ; BO-637 Lealsem, Cardenal RG, y Munasqa, en el caso de ANAPO. Estas semillas de alto rendimiento, entre muchas otras más, son ampliamente promovidas y utilizadas por los grandes productores de oleaginosas en la región del Oriente boliviano. Para mayor información consulte: www.fundacruz.org.bo; www.anapobolivia.org.


Concordancias

Artículo 16, parágrafo II. Derecho a la alimentación sana adecuada y suficiente. / Artículo 18. Derecho a la salud. / Artículo 30, parágrafo II. Derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. / Artículo 33. Derecho de las personas y los seres vivos a un medio ambiente sano y saludable. / Artículo 255, parágrafo II, numeral 8. Celebración de tratados internacionales se rige por la prohibición de importar, producir y comercializar transgénicos. / Artículo 318, parágrafo IV. El Estado priorizará la promoción del desarrollo productivo rural. / Artículo 342. Deber del Estado y la población conservar y aprovechar sustentablemente los recursos naturales renovables y cuidar el medio ambiente. / Artículo 344, parágrafo II. Regulación de la internación, producción, comercialización y empleo de técnicas, métodos, insumos y sustancias que afecten a la salud y al medio ambiente. / Artículo 345. Políticas de gestión ambiental. / Artículo 346. Patrimonio natural es de carácter estratégico para el desarrollo sustentable. / Artículo 380, parágrafo I. aprovechamiento sustentable de los recursos renovables. / Artículo 405. Desarrollo rural integral sustentable es parte fundamental de las políticas económicas del Estado. / Artículo 406. Función del Estado de garantizar las actividades productivas del sector rural y fortalecer a los actores productivos del mismo. / Artículo 407. Objetivos de las políticas de desarrollo rural.


Tratamiento en el Constitucionalismo Boliviano

Texto Constitucional 2009

 

Artículo 409

 

La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por Ley.

 

Análisis

 

El Artículo 409 es una novedad en la historia constitucional del país, por tratarse de un tema novedoso, sobre todo porque la polémica en torno al uso, producción y comercialización de transgénicos es relativamente reciente.

 

En efecto, el ingreso de las primeras semillas transgénicas a Bolivia data de la última década del siglo XX, y la regulación de las mismas así como la permisión de producción de alimentos transgénicos (soya y trigo sobre todo) tiene lugar en la primera década del siglo XXI.  En efecto, la permisión del uso de semillas transgénicas tiene lugar a través del Decreto Supremo 28225 de 1 de Julio de 2005. Sin embargo, es la primera vez que se introduce este tema en un texto constitucional.

Tratamiento en los archivos, actas y resoluciones del constituyente

Proyecto de Texto Constitucional ajustado en el H. Congreso Nacional, octubre 2008

 

Artículo 409

 

La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por Ley.

 

Fuente: Ley Nº3942 de 21 de octubre de 2008.

 

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande, en Detalle y en Revisión en Oruro, diciembre de 2007

 

Artículo 408

 

Se prohíbe la producción, importación y comercialización de transgénicos.

 

Fuente: Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC). Constitución Política del Estado. Aprobada en Grande, en Detalle y en Revisión.

 

Proyecto de Texto Constitucional Aprobado en Grande en Chuquisaca, noviembre de 2007

 

Artículo 405

 

Se prohíbe la producción, uso, experimentación, importación y comercialización de organismos genéticamente modificados.

 

Fuente: Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC). Constitución Política del Estado. Aprobada en Grande.

 

Informes de Comisión de la Asamblea Constituyente: Comisión 15 (Desarrollo Productivo rural, Agropecuario y Agroindustrial)

 

Informe por Unanimidad

 

4. Articulo

 

d. Desarrollar la investigación e innovación científica, tecnológica y biotecnológica para su aplicación y difusión, bajo leyes y normas de bioseguridad, que garanticen la implementación de técnicas agropecuarias medioambientales apropiadas sin afectar el bien común, priorizando la producción orgánica.

 

Fuente: Enciclopedia Histórica Documental del Proceso Constituyente Boliviano, Tomo III, Volumen 2, págs. 1762

 

Comisión 20 (Fronteras nacionales, relaciones internacionales e integración)

 

Informe por Unanimidad, por Consenso, por Mayoría y por Minoría

 

TÍTULO

RELACIONES INTERNACIONALES

 

Art. 1. (PRINCIPIOS GENERALES) Las Relaciones Internacionales, la negociación, suscripción y ratificación de tratados, se rigen por los principios de:

 

6. Seguridad y soberanía alimentaria para toda la población, prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medio ambiente.

 

Fuente: Enciclopedia Histórica Documental del Proceso Constituyente Boliviano, Tomo III, Volumen 2, págs. 2376.

 

Propuesta de Texto Constitucional de las Organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, mayo de 2007

 

Artículo 184

 

El Estado Unitario Plurinacional Comunitario prohíbe la producción y el ingreso de semillas, productos transgénicos y otros productos genéticamente modificados manipulados artificialmente.

 

Fuente: Acta de Acuerdo de las Organizaciones del Pacto de Unidad, Constitución Política del Estado Boliviano.

 

Análisis

 

 El Artículo 409 se consolida en los ajustes establecidos por el H. Congreso Nacional el año 2008. En este proyecto de texto constitucional se modifica la redacción del artículo, cambiándose completamente el contenido del mismo.

 

En efecto, tanto en el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande en Chuquisaca, como en el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande, en Detalle y en Revisión en Oruro, se establece la prohibición expresa de la producción, uso, experimentación, importación y comercialización de organismos genéticamente modificados, y de la producción, importación y comercialización de transgénicos, respectivamente. En el proyecto de texto constitucional ajustado por el H. Congreso Nacional se modificó la prohibición, por la regulación, cambiándose de tal manera, completamente el sentido y el contenido del artículo.

 

Este artículo no tiene antecedentes en el Informe por Unanimidad de la Comisión 15 (Desarrollo Productivo rural, Agropecuario y Agroindustrial). Puede considerarse un antecedente del mismo, aunque indirecto, el artículo referido a los principios que rigen la celebración de tratados internacionales del Informe por Unanimidad, por Consenso, por Mayoría y por Minoría de la Comisión 20 (Fronteras nacionales, relaciones internacionales e integración).

 

El presente artículo también tiene un antecedente claro en la propuesta de texto constitucional del Pacto de Unidad, en que se establecía expresamente la prohibición a la la producción y el ingreso de semillas, productos transgénicos y otros productos genéticamente modificados manipulados artificialmente. De hecho esta propuesta fue retomada, con el mismo tenor prohibitivo en el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande en Chuquisaca, como en el Proyecto de Texto Constitucional aprobado en Grande, en Detalle y en Revisión en Oruro.

Alcance de la reserva legal

El Artículo presenta una reserva de ley respecto a la regulación de la producción, importación y comercialización de transgénicos. Cabe hacer hincapié nuevamente en que esta reserva de ley fue introducida en los ajustes realizados por el H. Congreso Nacional, el año 2008, ya que en los proyecto de texto constitucional de Oruro y de Chuquisaca, se establecía la prohibición expresa sobre el uso de transgénicos.

 

En este marco, la ley que regule la producción, importación y comercialización de transgénicos, deberá considerar toda la narrativa constitucional con la que es susceptible de discordar el uso de transgénicos, desde el derecho fundamental-fundamental a la alimentación y a la salud, el derecho fundamental al medio ambiente, hasta las demás disposiciones referidas al desarrollo sustentable del país. En este marco, la ley deberá establecer la mayor cantidad de limitaciones y controles al uso, producción y comercialización de transgénicos en Bolivia.

 

De esta suerte, la ley no debe otorgar mayores facilidades a los importadores y productores de transgénicos, sino al contrario debe establecer la mayor cantidad de mecanismos de control que permitan regular cuidadosamente la circulación de estos productos en el mercado[1].

 

[1] En este marco, la actual Ley 144 de Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria, de 26 de junio de 2011 establece, en su Artículo 15 numeral 2,  que no se introducirán en el país paquetes tecnológicos agrícolas que involucren semillas genéticamente modificadas de especies de las que Bolivia es centro de origen o diversidad, ni aquellos que atenten contra el patrimonio genético, la biodiversidad, la salud de los sistemas de vida y la salud humana; y en el siguiente numeral del mismo artículo establece que todo producto destinado al consumo humano de manera directa o indirecta, que sea, contenga o derive de organismos genéticamente modificados, obligatoriamente deberá estar debidamente identificado e indicar esta condición. Cabe hacer hincapié en que este artículo responde a la regulación del uso de transgénicos, por lo tanto, a la hora de realizársele un control constitucionalidad, el Tribunal Constitucional Plurinacional deberá ponderar la voluntad constituyente al respecto.

Bibliografía

Dussel, Enrique. 2011. “La cuestión ecológica en Marx” en: Montenegro, Leonardo (editor). Cultura y Naturaleza. Bogotá  - Colombia: Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis.

 

Kopp, Adalberto. 2011. Organizaciones indígenas campesinas y soberanía alimentaria. La Paz  - Bolivia: CESA – Plural Editores.

 

Latour, Bruno. 2007. Nunca fuimos modernos. Ensayos de antropología simétrica. Buenos Aires – Argentina: Siglo Veintiuno Editores.

 

Marx, Karl. 2010. El Capital. Crítica de la economía política, Tomo I, volumen 1. Buenos Aires – Argentina: Siglo Veintiuno Editores.

 

Real Academia Española. 2001. Diccionario de la Lengua Española.

 

Cabanellas, Guillermo. 1996. Diccionario de Derecho Usual. Buenos Aires – Argentina: Heliasta.

 

Tapia, Nelson. 2006. Agroecología y agricultura campesina sostenible en los Andes bolivianos. La Paz – Bolivia: AGRUCO – Plural Editores.

 

Villegas, Pablo. 2012. Los Recursos Naturales en Bolivia. Cochabamba – Bolivia: CEDIB.

 

Somos Sur, disponible en:

http://www.somossur.net/index.php?option=com_content&view=article&id=710:los-transgenicos-en-bolivia-algo-de-historia&catid=103:inseguridad-alimentaria&Itemid=129. Acceso el: 17 de diciembre de 2012.

 

http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Declaracion_sobre_la_introduccion_de_papa_transgenica_a_Bolivia. Acceso el 17 de diciembre de 2012.

Webgrafía

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Documentos legales

Constituciones de Bolivia 1826 – 2009.

 

Decreto Supremo 28225 de 1 de Julio de 2005. Bolivia.

 

Ley 144 de Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria, de 26 de junio de 2011.

Archivos, actas y resoluciones

Acta de Acuerdo de las Organizaciones del Pacto de Unidad, Constitución Política Del Estado Boliviano de mayo de 2007.

 

Informes de la Comisión 15 (Desarrollo Productivo rural, Agropecuario y Agroindustrial)

 

Proyecto de Texto Constitucional ajustado en el H. Congreso Nacional, octubre de 2008, Ley 3942 de 21 de Octubre de 2008.

 

Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC). Constitución Política del Estado. Aprobada en Grande de noviembre de 2007.

 

Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente (REPAC). Nueva Constitución Política del Estado. Versión Oficial, Aprobada en Grande, en Detalle y en Revisión de diciembre de 2007.


Fecha de su ultima actualización: 27/03/2013 05:56:44 p.m.

Centro de Estudios Constitucionales 2013